¿Puede confiarse entonces en que las complementariedades productivas vayan a jugar un papel de cierta importancia en el desarrollo económico magrebí a través de la integración? Para responder a esta pregunta puede ser útil exponer de una forma resumida los resultados de nuestro estudio:
Cuadro 9. Complementariedades estáticas del Magreb.
| Complementariedades potenciales | Complementariedades reales |
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Pescado Legumbres y frutas Fertilizantes minerales Fertilizantes sintéticos Mineral de hierro Petróleo Gas Productos textiles Productos químicos |
Fertilizantes minerales Petróleo |
Cuadro 10. Complementariedades dinámicas del Magreb.
| Complementariedades potenciales | Complementariedades reales |
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Pescado Legumbres y frutas Fertilizantes minerales Fertilizantes sintéticos Mineral de hierro Hierro y acero Petróleo Gas Plásticos Productos textiles Productos químicos Maquinaria Corriente eléctrica |
Legumbres y frutas Fertilizantes minerales Fertilizantes sintéticos Petróleo Gas Productos textiles |
Como hemos visto, la única respuesta a la pregunta es no. Las complementariedades actuales de la región son mínimas, y las que pueden esperarse para el futuro no son suficientes para constituir un mercado interno fuerte.
Aún así, la opinión de que las complementariedades pueden jugar un papel importante en la integración magrebí ha sido, y sigue siendo, compartida por la gran mayoría de autores que abordan el tema. Es una opinión que se ha transmitido de unos autores a otros cual reacción en cadena, convirtiéndose en un mito. Las complementariedades magrebíes son, pues, un mito que, a mi juicio, convendría erradicar de una vez, ya que puede provocar el abrigo de falsas esperanzas.
Se preguntará el lector, entonces, a qué se debe el surgimiento y propagación de este mito. En mi opinión, ello se ha debido a dos razones fundamentales:
Para ser más rigurosos conviene apuntar, empero, que no todos los economistas han confundido inconscientemente uno y otro conceptos. Y es que su concepción de la complementariedad, o más aún, de la integración, va mucho más allá de lo que hemos estudiado aquí. Al entender de estos economistas, la complementariedad alude a un sentido de cooperación planificada, al margen del mercado. Pueden citarse entre ellos a Toumi (1990) y Kabunda Badi (1992). Estos autores entienden las complementariedades como complementariedades potenciales, que deben aprovecharse por un simple criterio de solidaridad. Esperan que, puesto que Marruecos necesita petróleo, Argelia y Libia deben suministrárselo con preferencia y a un precio ventajoso, o que Túnez provea de aceite de oliva a sus vecinos que lo necesiten. Pero esta concepción no puede dar resultado, como los propios países han demostrado con su comportamiento, y menos dentro de un marco de desarrollo vía mercado libre como el que han aceptado implícitamente con la integración. Estos países necesitan solidaridad, pero no pueden permitirse el lujo de solidarizarse, al menos económicamente hablando.
En este punto, puede decirse que las ventajas de la Unión no vendrán del ámbito económico, por lo menos a corto y medio plazo, y que tampoco las complementariedades jugarán un papel importante en ese proceso.
En cualquier caso, aunque esas complementariedades sean pocas, siempre podrán aportar su grano de arena al proyecto panmagrebí. Para posibilitar ese aprovechamiento se necesita, como hemos dicho, poner en práctica las disposiciones necesarias, que hemos apuntado previamente. Sin embargo, en los años transcurridos desde la constitución de la UMA hasta hoy, no se ha hecho nada efectivo por facilitar este proceso. De hecho, no se ha acometido ninguna reforma arancelaria relacionada con un mercado intermagrebí ni se ha invertido en la construcción de las infraestructuras necesarias para conectar los mercados nacionales entre sí.
Concretamente, en lo que respecta a las restricciones arancelarias, apenas se han producido ligeras mejoras de carácter general, nunca encaminadas a facilitar los intercambios magrebíes. En algunos casos, incluso se han adoptado medidas contraproducentes. En Mauritania, por ejemplo, se ha establecido desde 1991 un arancel a la exportación de pescado de entre un 8 y un 20 por ciento; esta medida es difícil de comprender, sobre todo cuando el Estado mauritano ostenta el monopolio de exportación de este producto. Marruecos y Túnez han ido reduciendo las restricciones de exportación e importación de modo lento y gradual. Argelia es quizá el país que más ha avanzado en este sentido, aunque lo haya hecho a trompicones; en 1991 decidió eliminar todas las restricciones a la importación, medida que fue en cierto modo revocada al año siguiente, pero que se ha rescatado nuevamente en 1994.
En cuanto a los medios de transporte, hasta ahora sólo ha habido reuniones, dentro del marco de la UMA, de las que han salido algunos proyectos interesantes, pero que no se han puesto en práctica. Lo cierto es que los transportes siguen estando poco y mal desarrollados.
Los resultados, después de varios años de unión, pueden apreciarse mediante la evolución del mercado intermagrebí. A fecha de 1994 este mercado presenta la siguiente estructura:
Cuadro 11. Volúmen de comercio entre los miembros de la UMA en 1994. Datos en millones de dólares FOB.
| Argelia | Libia | Maurit. | Marr. | Túnez | |
| Exportaciones al Magreb | 198 | 131 | 0 | 287 | 310 |
| Importaciones del Magreb | 176 | 293 | 25 | 134 | 205 |
Fuente: FMI, Direction of Trade Statistics Yearbook, 1995.
Cuadro 12. Porcentaje de comercio sobre el total mundial en 1994.
| Argelia | Libia | Maurit. | Marr. | Túnez | |
| Exportaciones al Magreb | 2,1 | 1,7 | 0 | 5 | 6,7 |
| Importaciones del Magreb | 2,3 | 8,3 | 5,3 | 1,9 | 3,9 |
Fuente: Elaboración propia a partir de FMI.
En términos agregados, el comercio intermagrebí suponía en 1994 un 3,3% del total de las exportaciones, y el 3,2% del total de las importaciones. La situación, por tanto, apenas ha mejorado.
No obstante, comentábamos en el Capítulo 1 que existen otros motivos que hacen de la Unión del Magreb Árabe un elemento que puede beneficiar a sus miembros. Tras nuestros análisis puede decirse que las ventajas de la integración se obtendrán básicamente por la vía política. Es la capacidad de negociación frente a la Unión Europea el factor clave de este proceso. A pesar de ello, si se observa qué ha ocurrido en los últimos años, puede comprobarse que los países norteafricanos no han aprovechado en absoluto las ventajas que una negociación conjunta hubiera podido reportarles. Países como Marruecos, Argelia y Túnez han alcanzado ciertas concesiones de la UE por separado, lo que ha restado importancia a la UMA.
Aún así, no quiero dejar de señalar una vez más que aunque la UMA se ha demostrado no sólo económica, sino también políticamente débil, puede aportar beneficios al Norte de África. La integración no debe dejarse de lado, puesto que puede aportar más ventajas que inconvenientes. De hecho, la UMA ya ha proporcionado a sus miembros un dividendo de valor inapreciable: un clima de paz entre países, que por sí sólo era un objetivo deseable, pero que permitirá además contribuir al desarrollo económico de la región. Sirva quizá la comparación, salvando las distancias, con la Unión Europea, la cual, aún partiendo de una situación más ventajosa, ha tardado muchas décadas en dar un resultado apreciable, y ha pasado por momentos difíciles. No puedo sino mostrar mi adhesión a todo proceso de integración regional, que puede considerarse un paso previo a una mayor cooperación económica y un mejor entendimiento entre todas las naciones del planeta.