Riesgo y Control: Reflexiones sobre Economía y Finanzas

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La integración comercial del Magreb: el mito de las complementariedades


Capítulo 1. Introducción

La situación económica de los países del Magreb, sin ser tan problemática como la del resto de países del continente africano, y a pesar de que ha mejorado ligeramente en las últimas décadas, es indudablemente de subdesarrollo. Quizá, lo mejor para situarnos en el problema que vamos a discutir sea hacer un repaso del estado de la economía magrebí en el momento de constitución de la Unión del Magreb Árabe.

Cuadro 1. Principales magnitudes socioeconómicas 1989.

  Argelia Libia Maurit. Marr. Túnez UMA España USA
PIB (a) 55 22 1 23 11 112 380 5.205
RPC (b) 2.252 4.969 511 932 1.389 2.011 9.725 20.986
Balanza
por c/c (b)
-239 4.224 100 -2.177 -1.684 224 -37.268 -129.516
Inflación (d) 9,3 - 12,9 3,1 7,8 - 6,8 4,9
Deuda
externa (e)
27.096 5.400 2.005 21.640 6.974 63.115 0 0
Esperanza
vida (f)
66 63 48 63 68 64 77 76
Analfabetis
mo (g)
42,6 36,2 66,0 50,5 34,7 41,3 4,6 1
Fuente:
(a) Miles de millones de dólares US, Banco Mundial.
(b) PIB per capita en dólares por habitante, elaboración a partir de Banco Mundial.
(c) Millones de dólares US, Direction of Trade Statistics 1995, FMI.
(d) Estadísticas Financieras Internacionales 1995, FMI.
(e) Millones de dólares, Banco Mundial.
(f) Esperanza de vida al nacer para el período 1990-95.
(g) Tasa de analfabetismo (%) en 1990.

Como puede verse en el cuadro 1, en 1989 el Producto Interior Bruto de todos los países de la UMA juntos era la tercera parte del de España y sólo un 2% del de Estados Unidos. La renta per capita media de la UMA era un 20% de la española y un 10% de la estadounidense.

La balanza por cuenta corriente de la UMA es ligeramente superavitaria, aunque este resultado es engañoso. Ello se debe al enorme superávit de Libia, puesto que el resto de países miembros es deficitario.

Los países del Magreb no tienen excesivos problemas de inflación, pero sí es preocupante su deuda externa, especialmente en los casos de Argelia y Marruecos.

La esperanza de vida al nacer de los ciudadanos magrebíes es unos 12 años menor que la de los ciudadanos de los países desarrollados. En Mauritania no llega a los 50 años, debido a su elevada mortalidad infantil. Además, en la UMA más del 40% de la población no sabe leer ni escribir.

La situación actual de la economía de la zona deja bien claro el fracaso de las diferentes alternativas de desarrollo puestas en práctica por estos países. Fracaso del que son conscientes sus gobernantes. Es curioso observar que, tras su independencia, cada uno de los cinco estados del Magreb optó por un modelo de política económica diferente (Toumi, 1990; 151), y que ninguno de ellos ha conseguido alcanzar un nivel de bienestar cercano al de sus vecinos de la orilla norte del Mediterráneo. Túnez optó por el liberalismo de 1956 a 1961, cambió a un "socialismo-cooperativista" durante los años 60 y retornó al liberalismo después de 1971; Marruecos ha seguido siempre un modelo liberal; Argelia se decidió por un modelo de desarrollo socialista; Mauritania, por un liberalismo descentralizado; y Libia comienzó siendo liberal para cambiar después a un colectivismo "revolucionario". Así pues, lo único que han tenido en común los modelos de desarrollo elegido ha sido el resultado: grandes carencias estructurales y crisis sociales en todos ellos.

Entretanto, la internacionalización de la economía se ha hecho cada vez más patente. Así, en la segunda mitad de los años ochenta se han producido hechos tan importantes como la caída del muro de Berlín -que ha puesto en contacto al Norte occidental con el Norte oriental-, la formación de la asociación de libre comercio de Norteamérica (NAFTA) y, lo que es más importante, la ampliación de las Comunidades Europeas hacia el Sur con la inclusión de países como Grecia, Portugal y España, con los que el Norte de África está íntimamente unido.

Se hace obvio, pues, que el fracaso de los sistemas de desarrollo aislado y la pérdida de importancia ante los cada vez mayores bloques de países industrializados, no podían sino forzar la formación de una zona unida de países que comparten numerosísimos aspectos comunes. La integración se presenta como una posible solución a los problemas sociales y económicos. De este modo nace en 1989 la Unión del Magreb Árabe (UMA), entidad política que incluirá a los estados del Gran Magreb: Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia.

Conviene señalar, sin embargo, que la aspiración de unificación de los pueblos del Norte de África no es algo reciente. Es difícil, desde esta orilla del Mediterráneo, decir cuál ha sido el sentimiento de unidad que han podido albergar en su corazón los habitantes norteafricanos. Las posiciones acerca de este punto son diversas. Para algunos "el sueño de un Gran Magreb ha sido un ideal para los pueblos de la región desde hace siglos" (Balta, 1994). Para otros, los países de la zona no son más que "cinco realidades políticas, económicas y sociales distintas" que no conforman un conjunto geopolítico homogéneo (Toumi, 1990). Las diferencias entre autores radican evidentemente en la idea que éstos tengan acerca de la naturaleza última de los procesos de unificación que ha experimentado el Magreb, esto es, si se trata de procesos nacidos de una voluntad puramente política o de una voluntad estrictamente económica.

No seré yo quien pretenda resolver este conflicto, puesto que la integración de países es un proceso complejo, que afecta a los ámbitos económico, político, social, científico, artístico... En cualquier caso, los hechos están ahí y nos recuerdan que en 1964 se reunieron los ministros de Economía de Libia, Túnez, Argelia y Marruecos para crear el llamado Comité Permanente Consultivo Magrebí (CPCM). Este comité era una institución de carácter consultivo que pretendía lograr tres objetivos de cooperación económica: potenciar los intercambios horizontales, armonizar las políticas comerciales y coordinar las posiciones frente a la CEE. A pesar de algunos pequeños logros no se alcanzó ninguno de los tres objetivos. En 1975 celebró la que sería su última reunión.

Sin embargo, y a pesar del fracaso del CPCM, las condiciones de internacionalización de la economía y estancamiento económico interior que hemos señalado, así como el impacto del islamismo radical, no permitirían olvidar la alternativa de la integración. De este modo, en 1989 se constituye la Unión del Magreb Árabe (UMA), que integraría, además de a los miembros del CPCM, a Mauritania.

Para conocer las razones que han podido inducir a los líderes políticos de los países magrebíes a acometer la creación de la UMA podríamos remitirnos a su texto fundacional (incluído en el Apéndice de este trabajo):

Tratar de responder al deseo integrador de los habitantes, con lo que se pretendería frenar un descontento que puede dar lugar a manifestaciones violentas.

Reforzar la posición política y económica de los países miembros ante la comunidad internacional y, en concreto, ante la Unión Europea.

Un deso de conciliación, después de los anteriores conflictos.

Sin embargo, estas son aspiraciones que tratan de reflejar los deseos más inmediatos de los ciudadanos con respecto a la causa unificadora. En un sentido más amplio, las motivaciones que han hecho ineludible el proceso de integración, y que podemos dividir en tres categorías principales: motivaciones de política exterior, motivaciones de política interior y motivaciones económicas.

  1. Política exterior. La regionalización política y la internacionalización económica son dos tendencias predominantes en el mundo de hoy, que de por sí ya obligan al Magreb a adoptar las mismas posturas. Los modelos de desarrollo aislado no funcionaron cuando eran más viables, y ahora funcionarían menos aún. Se hace, por ello, imprescindible incrementar la presencia geopolítica a través de un movimiento de integración si el Magreb no quiere quedarse marginado. Dos hechos trascendentales han obligado al Norte de África a integrarse: 1) la ampliación de la UE a mediados de los ochenta, para incluir países directamente competidores del Magreb, como España y Portugal, lo que suponía un cerramiento de la Unión Europea a producciones magrebíes muy importantes; 2) la caída del muro de Berlín en 1989, que ha supuesto una desviación de la atención de la UE hacia los países de la Europa del Este, atención entendida principalmente en términos de ayuda económica. A estos dos hechos cabría añadir un tercero, quizá con menor importancia en este caso, pero que contribuye a limitar la entrada de los productos norteafricanos a algunos mercados, y que contribuye también a desviar la atención, política ahora, de la UE: nos referimos a la formación del Acuerdo de Libre Comercio de Norte América (North American Free Trade Agreement o NAFTA), entre Canadá, Estados Unidos y México.

    Sin embargo, la necesidad de integración magrebí no debe entenderse sólo en sentido negativo. También pueden obtenerse ventajas independien-temente de la regionalización mundial. En este sentido, las aspiraciones de la UMA están dirigidas, sobre todo, a sus relaciones con la Unión Europea. La UE desea que exista estabilidad en sus fronteras, y mientras la UMA permanezca unida los quince tendrán garantizada la estabilidad de un importante sector de su frontera Sur. La UMA puede y debe aprovechar este hecho. En el Magreb habrá paz mientras su integración produzca resultados económicos positivos. Y la UE debe ser consciente de ello; ayudar económicamente a la región magrebí, potenciando su desarrollo, contribuiría a mantener esa estabilidad e incluso a incrementar su comercio recíproco (de la Fuente, 1996). Si bien la UE supone ya un importante cliente y proveedor de la UMA, lo contrario actualmente no se cumple. Así pues, la integración magrebí supone una creación de intereses para la UE que la UMA pretendería aprovechar.

    Cabe señalar que la UMA no debería ser incompatible con un espacio económico euromediterráneo. Éste parece que tarda en llegar, por lo que no puede renunciarse a perder los privilegios de una unificación mientras se espera. Además, si este espacio se constituye, la UMA puede haber servido de paso previo para sus países miembros, lo que podría permitirles partir con ventaja.

  2. Política interior. Existen también problemas de política interior que pueden encontrar una solución dentro de un Magreb árabe. Estos problemas son, principalmente, dos: 1) la creciente radicalización de algunos movimientos islamistas, sobre todo en el Magreb central, puede atenuarse con este proceso de unificación. Este es un problema importante en cuanto que afecta a sectores importantes como el turismo, pues las acciones de estos movimientos radicales se dirige habitualmente contra los extranjeros. No obstante, no podemos ser demasiado optimistas acerca de este mecanismo como remedio del problema islamista. Si bien es cierto que la escusa del Magreb puede servir a sus habitantes para conocer y tolerar las muchas y muy diferentes culturas que dentro de él existen, no es menos cierto que el sentimiento de pertenecer a una unidad árabe más amplia podría agudizar la crisis islamista. 2) Otro problema que puede solventarse en el seno de la UMA es la presión desigual de la población en cada uno de sus países miembros. Esa presión es mayor en el Magreb central, y especialmente en sus países más pequeños (Marruecos y Túnez). Un mercado libre de factores en el Gran Magreb favorecería una redistribución del factor trabajo hacia aquellas zonas donde más se necesita. Para empezar, la integración puede evitar que se repitan las expulsiones de trabajadores tunecinos por parte del Gobierno libio.

  3. Economía. También se ha pensado en factores económicos a la hora de acometer un proceso como éste. Se trata, primordialmente, de obtener ventajas comerciales, aunque se piensa también en ventajas financieras. De las ventajas comerciales nos ocupamos extensamente en la primera parte de este trabajo. En cuanto a las ventajas financieras, éstas no son sino mecanismos que a su vez favorecerían el aumento de los intercambios comerciales, como por ejemplo la posibilidad de conversión automática de las monedas respectivas o la creación de un dinar magrebí. También se ha hablado del encauzamiento del ahorro de aquellos países con capacidad de financiación (Libia, Argelia) hacia aquellos con necesidad de financiación (Marruecos, Túnez, Mauritania).

Nuestro análisis se centrará, como es obvio, en las razones económicas. El paso más lógico es estudiar a continuación cuáles pueden ser las ventajas de un proceso integrador según la teoría económica.


© Luis de la Fuente y Gil de la Vega, Madrid, 1995-1996