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Domingo, 31 de marzo de 2002

La juridificación de la actividad financiera

por Luis de la Fuente

Luis de la Fuente

De vez en cuando me paso por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes a ver si se han incorporado algunos de los textos escritos por economistas españoles de siglos pasados... con la consiguiente decepción.

Ayer pasé de nuevo y, aunque no encontré lo que buscaba, hallé algo interesante. Entre las lecciones inaugurales de los años académicos de la Universidad de Alicante, encontré la correspondiente al curso 1993-94, leída por don Luis Fernández de la Gándara y titulada Derecho, ética y negocios.

En su discurso, denso pero inmarcesible (como las sinfonías de Bruckner dirigidas por Celibidache), don Luis critica el grado de juridificación de la actividad económica que supone la imposición de Códigos de Conducta a las entidades financieras. Entre los argumentos que expone destaca el desvirtuamiento de la moralidad que cualquier norma de Derecho debe tener. También apunta que al juridificarse el comportamiento ético se corre el riesgo de que todo lo que no está contemplado en la norma se puede entender permitido.

Estoy de acuerdo con esa opinión, pero parcialmente. Los comportamientos regulados por los Códigos de Conducta podrían tipificarse como delitos y evitar la intromisión en el campo de la Ética, ya que no se trata únicamente de acciones reprobables moralmente sino que perjudican económicamente a unos accionistas en favor de otros. Si se ha adoptado la forma de Reglamentos de Conducta es no sólo por la dificultad de fiscalizar esas actuaciones (igual que otros delitos de cuello blanco que menciona), sino también por la intención de concienciar a los operadores de que se trata de actividades condenables y a las entidades de la responsabilidad que tienen sobre el comportamiento de sus empleados.

En cualquier caso sí creo que habría que desligar la Ética de los negocios del ordenamiento jurídico, para no perjudicar a ninguna de los dos campos. Me aplicaré el cuento en la parte que me toca.


© Luis de la Fuente, 2002