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Viernes, 7 de septiembre de 2001

Información genética y seguros

por Luis de la Fuente

Luis de la Fuente

Desde que hace ya casi un año se anunciaron los resultados del Proyecto Genoma Humano, el interés por el tema ha decaído bastante. Creo que no me equivoco si pienso que este tema dejó una sensación de miedo en lo que se refiere al uso que las compañías de seguros pueden hacer de este tipo de información.

Creo también que este miedo está provocado por opiniones parciales. Por supuesto, estoy de acuerdo en que el uso de información genética del tomador de un seguro sin su consentimiento, o sin la adecuada capacidad de interpretación de dicha información por parte de éste, es un abuso que no puede permitirse. Pero, por otra parte, hay que pensar que si cada uno pudiera acceder a su información genética y las compañías de seguros no, esto derivaría en un fraude que no puede sino perjudicar a todos.

Por eso, creo que tanto la aseguradora como el asegurado deben contar con igualdad de oportunidades: información disponible para ambos o para ninguno. Este último caso es improbable. Al igual que no se puede poner puertas al campo, cuando exista la tecnología que permita realizar un análisis genético de manera asequible, no se podrá evitar que los médicos los utilicen para mejorar sus diagnósticos, como hacen ahora al pedir un scanner o una TAC. Y los pacientes, que conocerán los resultados, querrán utilizar esa información en su provecho.

Los individuos que obtengan buenos resultados en sus diagnósticos querrán mostrarlos para obtener primas más baratas. Las primas para aquellos que no muestren sus datos serán desorbitantes o simplemente no podrán asegurarse.

Además, un diagnóstico genético desfavorable también puede beneficiar tanto al asegurado como al asegurador, aunque las pólizas que se establezcan dejarán de ser de riesgo puro. Si una persona sabe que muy probablemente contraerá una enfermedad degenerativa puede contratar un seguro de ahorro, para recuperar su inversión en el momento que necesite cuidados médicos.

El fondo de la cuestión está en que algo que ahora no es predecible comenzará a serlo. Dejará de ser una incertidumbre y, por tanto, dejará de ser objeto asegurable.

En la revista sobre genética GeneLetter, Charles Cantor proponía como solución al problema sobre un posible seguro de calidad de vida. Sin embargo, no creo que las compañías de seguros estén interesadas por este tipo de cobertura.

En el Reino Unido diversas compañías ya hacen pruebas genéticas para detectar enfermedades caras (vía barrapunto).

En mi opinión, la solución no pasa por un seguro al uso, sino por la mutualización del coste, esto es, por un sistema de seguridad social universal, que no existe en Estados Unidos. De hecho, sólo existe de manera generalizada en Europa. Alguien que padece, o se espera que padezca, una enfermedad poco frecuente y cara de mantener, difícilmente encontrará cabida en un seguro privado; mientras que repartido entre una amplia población el coste se hace ínfimo.

Creo que la genética, al igual que Internet, harán que la vida en el futuro sea muy diferente a la actual. Puedes comunicarte personalmente con cualquier habitante del planeta, y a la vez podrás saber con casi total probabilidad que vas a morir a los 50 y que en los últimos 10 años de tu vida no serás consciente de tí mismo.


© Luis de la Fuente, 2001