Gemma Ferreres es la cronista del nacimiento y la maduración de la Nueva Economía

Robert Shiller es uno de los gurús, junto a Malkiel y Taleb, que han dado carta de naturaleza a los best-sellers financieros, que son primos hermanos de los best-sellers empresariales (que, a su vez, son hijos bastardos de los best-sellers a secas). En Exuberancia Irracional realizó una exégesis de la famosa perífrasis de Alan Greenspan, con el único mérito de llegar justo antes de que estallara la burbuja de los valores tecnológicos.
Después de aquel trabajo descriptivo, acaba de publicar El Nuevo Orden Financiero: el Riesgo en el Siglo XXI donde avanza una idea pendiente de desarrollo, pero digna de consideración: poner las técnicas de gestión de riesgos al alcance de la gente corriente para cubrir los riesgos que se presentan en su vida cotidiana. La ventaja de ésto, según Shiller, es que reducirá las desigualdades socioeconómicas fortuitas, esto es, las que no se deben al talento o el esfuerzo individual.
Según explica el propio Shiller en Risk management for the masses por invitación de The Economist, las técnicas de gestión de riesgos utilizadas por los bancos de inversión podrán, cuando la tecnología permita aplicarlas en masa, asegurar los riesgos que importan en el día a día de la gente corriente, como son la posibilidad de quedarse sin empleo o de que caiga drásticamente el valor de su vivienda.
A partir de ahí propone crear las instituciones que permitan a la gente asegurarse de estos riesgos, como puede un mercado de futuros para asegurar la estabilidad de las distintas profesiones o vincular los aumentos de las pensiones en los sistemas de reparto a la evolución de los salarios de los trabajadores en activo.
Afirma Shiller que de esta manera, los individuos o las naciones más pobres podrían, por ejemplo, arriesgar más en su trabajo o elegir especializaciones más arriesgadas, y así alcanzar mayores ingresos. En última instancia, estos mecanismos permitirían reducir la desigualdad en la distribución de la riqueza que, en su opinión, ha sido originada por culpa de la propia tecnología.
Creo que esta idea presenta al menos tres problemas, los dos primeros más fáciles de resolver que el tercero:
Creo que esto no ayudará a reducir las desigualdades, pero sí podría otorgar cierta seguridad a los menos favorecidos. Habría que estudiarlo. La idea tiene aspectos positivos y conviene desarrollarla porque puede no estar tan lejos. Cada día, las entidades financieras diseñan productos de cobertura para mayor número de clientes y, en algunos casos, muy imaginativos, como derivados de inflación o de correlaciones.
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