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Domingo, 8 de diciembre de 2002

El Prestige del Gobierno

por Luis de la Fuente

Luis de la Fuente

Permítanme que me salga un poco de la línea económica para pasarme a la política por una vez, aunque no exenta del todo de implicaciones económicas. Mis estimados colegas de Libro de Notas han lanzado una campaña titulada Prestige: exigimos responsabilidades por la que reclaman responsabilidades políticas, esto es, ceses o dimisiones de responsables políticos, en la Unión Europea, en España y en Galicia, por no haber sabido evitar el vertido de petróleo del buque Prestige en las aguas de Galicia y por su falta de transparencia. También lo hace la plataforma Burla Negra. Y probablemente tienen razón al hacerlo, pero no me sumaré a esta petición por las razones que explicaré.

La Administración ha cometido numerosos errores en este caso: falta de transparencia, descoordinación de administraciones e incluso, haberse jugado la posibilidad de reclamar del armador el coste de los daños ocasionados, aunque fuera hasta el límite establecido (véase el magnífico artículo de Xabier Ezeizabarrena titulado La batalla jurídica del 'Prestige').

Pero lo que el pueblo de verdad le reprocha al Gobierno es que no acudiera al lugar del siniestro desde el primer momento. El pueblo lo consideraba prioridad cero y en estos casos no basta con hacer, hay que parecer. No basta con que a uno le pese, debe vestir luto riguroso. Xavier Bru de Sala lo cuenta muy bien en Fuel en la costa. Fíjense en Rudolph Giuliani, que fuera alcalde de Nueva York durante el 11 de septiembre de 2001. Desde el primer momento estuvo en la "zona cero", a pesar de que era un alcalde saliente, y ahora tiene en su país más prestigio que Alan Greenspan.

Si Aznar hubiera estado a pie de playa en Galicia la mañana del 14 de noviembre se le habría perdonado casi todo. Pero no fue así, y cada día que pasa el Gobierno se desprestigia cada vez más, situación que alcanzará su culminación en el momento en el que barco hundido se rompa del todo y derrame su pestilente contenido por toda la costa. Le podemos reconocer a Giuliani su sabiduría o su oportunidad política, pero no me digan que esperaban que todos nuestros políticos tuvieran el mismo sentido de la oportunidad que él.

No quiero la dimisión de nadie por dos razones:

  1. En Europa estábamos todos dormidos. Estados Unidos ya tomó sus decisiones hace tiempo y aquí no supimos escarmentar en cabeza ajena. Tras la catátrofe del Exxon Valdez Estados Unidos eliminó cualquier límite de responsabilidad por accidente e impuso un depósito previo de 1.000 millones de dólares a cualquier armador que desee circular por sus costas (les recomiendo que lean Dos preguntas sobre el caso 'Prestige' de Albino Prada, Manuel Varela Y Mª Xosé Vázquez). Esto sí es un incentivo para la seguridad marítima. Aquí nadie hizo nada similar. Y la culpa no es sólo del Gobierno español. Es de todos nosotros, unos por no hacerlo y otros por no exigirlo. La oposición también llega tarde en este caso. ¿Deberíamos dimitir todos?

  2. Lo bueno a veces es enemigo de lo mejor. Un vacío de poder o de decisión no es lo mejor en este caso. Un Gobierno espoleado por la crítica está más incentivado a tomar decisiones para arreglar el problema. Espero que tome las decisiones oportunas para evitar que el petrolero vierta la mayor parte del fuel que aún lleva dentro y para que ningún caso evitable se pueda repetir. Ignacio Arroyo Martínez propone varias ideas para el futuro en Algunas lecciones del naufragio del 'Prestige'.

No espero que el Gobierno no cometa errores, pero sí que sepa reconocerlos y arreglarlos. Si hay dimisiones me parecerán una digna señal de responsabilidad política, pero personalemente seguiré evaluando al Gobierno en los próximos meses y cuando llegue el momento de votar haré balance y exigiré las responsabilidades en las urnas.


© Luis de la Fuente, 2002