Temás de interés para la economía más importante de América Latina desde un enfoque global y ameno a la vez que riguroso

De un tiempo a esta parte se habrá dado usted cuenta, como yo, de que el Gobierno Corporativo está de moda. Ahora todos los consejeros de grandes empresas están pensando de qué modo pueden tener controlados a los directivos de las empresas a cuyos accionistas representan. El caso Enron ha dejado la sensación de que los presidentes ejecutivos, consejeros delegados y directores financieros hacen y deshacen a su antojo en las empresas, bordeando los límites de la ley o traspasándolos directamente.
Las consultoras se han apresurado a vender soluciones para las empresas que quieren librarse de cualquier indicio de fraude contable (PwC publica su receta en la red). Las propias empresas van más allá, dando a conocer un día tras otro nuevas medidas que pretenden transmitir una imagen de transparencia y compromiso con la sociedad.
El Consejo de Administración está pasando a tener mayor importancia como instrumento de control. Antes nombraba o cesaba presidentes en función de los resultados que éstos lograran para su empresa. Era un control de los fines. Ahora se están dando cuenta de que los medios con los que se consiguen esos resultados también importan, especialmente cuando ellos son los responsables. Así, algunos Consejos de Administración están tomando decisiones con respecto a su propio funcionamiento y el de su empresa que la ley o el consenso no se atreven a imponerles.
En general, las opciones a tomar desde dentro de la empresa giran sobre tres ideas principales y no me resisto a exponer mi opinión sobre ellas:
Creo que la solución no radica tanto en la rotación en sí, sino en una estrecha vigilancia sobre el trabajo del auditor. Podría ser razonable un cambio de auditor cada tres o cuatro años, pero no conviene olvidar que el auditor es una empresa que se relaja tanto al saber que tiene un cliente cautivo como cuando sabe que al final del tercer año no le van a renovar. Por ello es mejor evaluar de manera exigente el trabajo del auditor, y para eso no hay nada mejor que un departamento de auditoría interna fuerte, totalmente independiente (al servicio directo del Comité de Auditoría), con visión global y dotado de recursos. Los riesgos más relevantes detectados por el auditor interno debe ser detectados por el auditor externo, y viceversa. ¿Qué mejor control que ese? Aunque también hay quien defiende, como Ralph Estes, que el auditor externo debe nombrarlo un organismo externo a la empresa. En mi opinión, eso supone tener que definir un criterio de asignación de auditor siempre criticable sea cual sea, además de un intervencionismo innecesario.
Merecen cierta mención los llamados consejeros dominicales, los que vienen impuestos por accionistas con una participación significativa. La función de estos consejeros es la de defender los intereses del accionista de referencia que ha invertido en la empresa. En este sentido, puede ocurrir que sus intereses sean contrarios a los de los accionistas minoritarios, o mayoritarios pero no suficientemente representados. La proporción de estos consejeros dominicales debe ser proporcional a la participación del accionista de referencia, y preferiblemente minoritaria en el Comité de Auditoría.
Como verán, defiendo una proporción mayoritaria de consejeros realmente independientes en el Comité de Auditoría. Así creo que debe ser, pero debe cuidarse que estos consejeros no dependan económicamente del puesto y que a la vez no tengan que repartir su dedicación entre muchas empresas y proyectos. Huelga decir que esas otras empresas, además de ser pocas deben carecer de vinculación posible con la empresa en cuestión.
Aunque los temas en discusión son viejos, se ha estado y se sigue mareando la perdiz en algunos de ellos. No estoy seguro de que este renacer del interés por el Gobierno Corporativo sea realmente sincero. Más bien parece motivado por la pérdida de reputación que puede suponer parecerse siquiera un poco a Enron o a Andersen y el miedo a la opinión pública creada por los periódicos y los partidos de oposición de turno. Si es así, bueno es, pero lo que de verdad hace falta es una mayor conciencia en toda la organización de la importancia de tener un buen control sobre el negocio.
Más información en: