Riesgo y Control - Reflexiones sobre Economía y Finanzas

Riesgo y Control

Reflexiones sobre Economía y Finanzas

InicioArchivoDocumentosEnlacesAcerca de este sitioContacto

Buscador

Buscador

Artículos más leídos


Sitio recomendado

La Bóveda

Temás de interés para la economía más importante de América Latina desde un enfoque global y ameno a la vez que riguroso


Publicidad

Domingo, 26 de enero de 2003

El dinero será electrónico o no será

por Luis de la Fuente

Luis de la Fuente

Hacía referencia hace unos días a la creación de la figura de Entidades de Dinero Electrónico dentro de la Ley Financiera aprobada recientemente en España. En este caso, el legislador, al contrario de lo habitual, se adelanta a la realidad, ya que en España aún no existe una empresa digna de ser incluida dentro de este concepto. Claro que se debe a que el sector de las nuevas tecnologías sufre un parón desde hace años, después del empuje inicial que ha propiciado esta figura jurídica.

A pesar del declive de la nueva forma de hacer economía, está claro que algún día necesitaremos ordenar la mayor parte de nuestros pagos a través de internet. Y el dinero tendrá que ser electrónico. Bueno, en realidad no existe ninguna diferencia entre el dinero representado electrónicamente y un apunte en un libro de cuentas. Lo importante de todo esto es la posibilidad de que empresas privadas emitan dinero, acabando con el monopolio de los bancos centrales. Así lo menciona la Ley, las entidades de dinero electrónico podrán emitir moneda. Supongo que reglamentariamente tendrán que establecerse las condiciones de esa emisión: si deberá ser convertible a la moneda pública o no, establecimiento de un tipo de cambio fijo o flotante respecto de la moneda pública, índices de solvencia, posibilidad de recurrir al respaldo del banco central...

Pero, ¿por qué iban a dejar los bancos centrales que empresas privadas emitan dinero? Pues porque la nueva economía es global. Desde España un consumidor puede comprar a un proveedor de Sudáfrica y para ello ambos usarán la moneda que más les convenga, esto es, la que minimice sus costes de transacción y el riesgo de cambio. Si un emisor es capaz de ofrecer una moneda ampliamente aceptada en la red, esa moneda tiene muchas posibilidades de imponerse en el mundo. Preveo que las monedas públicas podrán seguir usándose en principio en el ámbito geográfico, pero en el ámbito virtual la competencia será feroz. Y si la Unión Europea quiere asegurar su futuro, debe disponer lo necesario para que el euro prevalezca en la red.

Establece también la Ley, que estas entidades estarán sujetas a supervisión por el Banco de España. Obvio, por tres razones:

El tema de la emisión de moneda por entidades privadas es sumamente interesante, aunque no es nuevo en absoluto. Antiguamente había muchos emisores de moneda. En España coexistieron el Banco Español de San Fernando, el Banco de Isabel II, el Banco de Barcelona y el Banco de Cádiz, todos ellos de capital privado y aún existen entidades privadas con derecho de emisión en otros países como Royal Bank of Scotland o Clydesdale Bank en Escocia.

Entender las peculiaridades de la convivencia de monedas es mucho más fácil para los ciudadanos de los países en vía de desarrollo, obligados a vigilar constantemente el valor de su dinero, que para los de los páises más desarrollados.

Proceso de grabado de moneda

Nos podemos hacer una idea si consideramos que la moneda es un préstamo que le hacemos al emisor. El emisor escribe en un papel que éste vale 100 unidades, cuando sólo le ha costado 5 unidades imprimirlo. Así, ha generado de repente ingresos por 95 unidades (esto se conoce como señoreaje) y a cambio no nos paga ningún tipo de interés. Pues bien, este señoreaje deberán compartirlo los bancos centrales con los emisores privados (precisamente el aliciente que éstos tienen para emitir moneda es rentabilizar esos préstamos). Sin embargo, los usuarios sólo aceptarán el dinero de ese emisor si consideran que éste tiene capacidad para canjearlo por otra moneda en cualquier momento. En ésto, los bancos públicos siempre tendrán una ventaja, porque los países pueden incrementar unilateralmente sus ingresos via impuestos, cosa que las entidades privadas no pueden hacer. Previsiblemente, los tipos de cambio reflejarán constantemente el riesgo de crédito de los emisores.

En cambio, los emisores privados puede contar con monedas que ganen valor a la moneda pública si controlan su emisión. Si ésta se ajusta a incrementos en la actividad económica real y a su nivel de solvencia, pueden incrementar su valor con respecto a la moneda pública, porque los países suelen utilizar la emisión de moneda para influir en el crecimiento económico. No obstante, es previsible que compartir la emisión con sociedades privadas conlleve a una elevada competencia por conservar su valor y también a una limitación para utilizar la emisión como un instrumento de política económica. La privatización de la emisión de moneda es una reducción significativa del intervencionismo.

Un aspecto que merece la pena tenerse en cuenta es el de las características que debe reunir una moneda para ser considerada dinero electrónico. En principio, puede parecer que debe ser canjeable por dinero físico. Pero esto no es necesariamente así. Actualmente hay monedas de países poco desarrollados que díficilmente son convertibles en moneda de otros países, y no dejan de ser monedas. Además, si el dinero electrónico se impone, nunca hará falta canjearlo por dinero físico porque éste no existirá.

Esto me hace pensar en los programas de fidelización, especialmente los multicompañía. Si una sociedad emite unidades de valor a nuestro favor que podemos utilizar para comprar bienes y servicios en otras empresas, ¿qué diferencia ésto de una moneda electrónica? Puede ser el caso de los netels o de las millas de viajero frecuente de las compañías aéreas. Es posible que éstos se acaben asimilando a dinero electrónico y que incluso estén sujetos a tributación como rendimientos dinerarios.

Por otro lado, tampoco será necesariamente aquel que haya sido "acuñado" directamente en formato electrónico, porque el dinero puede emitirse también, en el caso de las entidades de crédito, aprovechando el multiplicador de la masa monetaria (ya hablé de éste en cierta ocasión).

Lo único que parece claro es que debe estar representado en un soporte electrónico. Esto enlaza con otro tema de interés. El dinero electrónico debe sufrir un grado de falsificación menor o igual que el de la moneda física, porque si no, será rápidamente abandonado por sus usuarios. Esta es la cuestión que realmente ha impedido hasta el momento que el dinero electrónico prospere. Al estar soportado en un formato del que se pueden hacer copias idénticas, es difícil asegurar que su nivel de falsificación vaya a ser inferior. Por ahora, el futuro del dinero está en manos de los criptógrafos.

Aún así, el dinero electrónico acabará llegando porque lo demandarán los usuarios y porque en una economía global será muy difícil evitar que las entidades interesadas se presten a facilitarlo. Por eso debemos decidir, ahora que estamos a tiempo, qué garantías vamos a adoptar para proteger a los consumidores en particular y a la economía en general.


Más información en:


© Luis de la Fuente, 2003