Gemma Ferreres es la cronista del nacimiento y la maduración de la Nueva Economía

Según parece, el Gobierno francés culpa a Bruselas del desastre de la industria de las telecomunicaciones. Francia fue, como España, uno de los países que optó por fijar un precio de antemano para la concesión de licencias de telefonía UMTS y decidir los concesionarios en concurso público. Mientras, Reino Unido y Alemania optaron por subastarlas al mejor postor, obteniendo pingües recaudaciones.
Se criticó mucho a España y a Francia por renunciar a aprovechar la burbuja puntocom con finalidad recaudatoria, pero si eligieron un concurso fue porque sabían precisamente que con la subasta se excluía a operadores pequeños y medianos y porque, a largo plazo, podría acabar afectando a los consumidores. De hecho Suecia no cobró nada, porque esperaba que las operadoras invirtieran todo su dinero en ofrecer la mejor cobertura en el menor plazo de tiempo. Aunque también es posible que lo hicieran así por tener menores necesidades de financiación que otros países. Mientras, Alemania y Reino Unido exprimieron a las operadoras con evidente afán recaudador.
Dos años después seguimos sin UMTS. Alberto Noguera dió unas cuantas razones para ello hace unos días. Nadie podía saber entonces que la nueva economía iba a perder fuelle y que la tecnología UMTS no se iba a desarrollar todo lo necesario para funcionar aceptablemente. Aún así, este asunto está repleto de ejemplos de irresponsabilidad:
Después de todo esto me pregunto si era tan importante la tecnología UMTS para los ciudadanos europeos como para que los gobiernos les exigieran un precio tan alto por ella.