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Domingo, 15 de septiembre de 2002

Ejemplos de irresponsabilidad

por Luis de la Fuente

Luis de la Fuente

Según parece, el Gobierno francés culpa a Bruselas del desastre de la industria de las telecomunicaciones. Francia fue, como España, uno de los países que optó por fijar un precio de antemano para la concesión de licencias de telefonía UMTS y decidir los concesionarios en concurso público. Mientras, Reino Unido y Alemania optaron por subastarlas al mejor postor, obteniendo pingües recaudaciones.

Se criticó mucho a España y a Francia por renunciar a aprovechar la burbuja puntocom con finalidad recaudatoria, pero si eligieron un concurso fue porque sabían precisamente que con la subasta se excluía a operadores pequeños y medianos y porque, a largo plazo, podría acabar afectando a los consumidores. De hecho Suecia no cobró nada, porque esperaba que las operadoras invirtieran todo su dinero en ofrecer la mejor cobertura en el menor plazo de tiempo. Aunque también es posible que lo hicieran así por tener menores necesidades de financiación que otros países. Mientras, Alemania y Reino Unido exprimieron a las operadoras con evidente afán recaudador.

Dos años después seguimos sin UMTS. Alberto Noguera dió unas cuantas razones para ello hace unos días. Nadie podía saber entonces que la nueva economía iba a perder fuelle y que la tecnología UMTS no se iba a desarrollar todo lo necesario para funcionar aceptablemente. Aún así, este asunto está repleto de ejemplos de irresponsabilidad:

  1. En mi opinión, Bruselas es quien menos parte de culpa tiene en todo ésto. El Parlamento Europeo adoptó varias decisiones encaminadas a unificar el procedimiento de concesión de licencias (Directiva 97/13/CE) y coordinar la entrada del sistema de telefonía de tercera generación (Decisión nº 128/1999/CE). Si acaso, se le puede reprochar que no presionara lo suficiente para hacerlas cumplir.
  2. Las empresas de telecomunicaciones no midieron correctamente los beneficios esperados del pago por licencias tan caras. Este es un riesgo del negocio que no se les puede reprochar, aunque me da la impresión de que la burbuja tecnológica les hizo sentirse líderes de la nueva economía y se sintieron obligadas a efectuar grandes inversiones si no querían quedarse rezagadas.
  3. Los Gobiernos que subastaron las licencias desvirtuaron la finalidad de la concesión para llenar sus arcas, olvidándose de que las empresas podían endeudarse tanto que finalmente tuvieran que ser rescatadas con fondos públicos. Debían haber establecido un límite máximo a la puja, una máxima temeraria, tal y como explicó muy bien Iñigo Coello hace un par de años en ¿Concurso o Subasta?.
  4. Los Gobiernos que optaron por procedimientos concursales cayeron en una trampa. Estos procedimientos favorecieron generalmente a empresas locales, que se beneficiaban de precios bajos por las licencias. A la vez, estas empresas concurrieron a las subastas, por lo que ahora tanto las empresas de unos países como las de los otros se encuentran con problemas de solvencia, sin que los concursos sirvieran para nada. De nuevo Iñigo Coello, reclamó en su momento que España demandase a Alemania por aprovecharse de una mejora de servicios para recaudar. Pero España y Francia ni siquiera se quejaron públicamente en su momento por las acciones de Alemania y Reino Unido. Se quejan ahora.

Después de todo esto me pregunto si era tan importante la tecnología UMTS para los ciudadanos europeos como para que los gobiernos les exigieran un precio tan alto por ella.


© Luis de la Fuente, 2002