Joaquín Bernal es un experto en programación, tecnología e Internet, pero su hobby son los cuentos, siempre sorprendentes

Últimamente me había acostumbrado a que los premiados cada año con el Nobel de Economía me fueran familiares. No es que esté muy al día en las últimas tendencias en la ciencia económica, pero el Banco de Suecia venía premiando a personas que indiscutiblemente habían hecho aportaciones significativas a la teoría económica que ya se estudia en las facultades de Economía: Coase, Fogel, North, Sen, Becker, Stiglitz... Este año fue distinto. Daniel Kahneman y Vernon Smith eran, al menos para mí, absolutos desconocidos.
Eso no es raro. Hace tiempo que dejé el mundo académico y todo lo que sigo aprendiendo es pura teoría y escasa práctica.
Daniel Kahneman ha sido premiado por haber integrado aspectos de la investigación psicológica en la ciencia económica, especialmente en lo que respecta al juicio humano y la toma de decisiones bajo incertidumbre. De formación psicólogo, desarrolló junto a Amos Tversky la denominada teoría prospectiva, según la cual los individuos toman decisiones, en entornos de incertidumbre, que se apartan de los principios básicos de la probabilidad. A este tipo de decisiones lo denominaron "atajo heurístico". Uno de estos típicos atajos heurísticos es el de suponer tendencias de comportamiento a partir de un conjunto pequeño de observaciones.
Vernon Smith fue premiado por haber establecido experimentos de laboratorio como una herramienta en el análisis económico empírico, especialmente en el estudio de mecanismos alternativos de mercado. Entre sus contribuciones destaca la comparación de diferentes métodos de subasta mediante pruebas en sistemas informáticos, que le sirvieron para analizar los mecanismos de distribución de bienes públicos como la energía eléctrica. Un ejemplo de su trabajo puede leerse en Using Experiments to Inform the Privatization/Deregulation Movement in Electricity de Rassenti, Smith y Wilson, en el número del pasado invierno del Cato Journal.
Schumpeter decía que las herramientas al alcance los economistas eran tres: la teoría económica, la historia económica y la estadística. Está claro que este año, el premio Nobel ha tratado de fomentar el desarrollo de nuevas herramientas. Kahneman parece haber apuntado procedimientos para desentrañar los animal spirits a los que se refería Keynes, mientras que Smith parece haber hecho uso de las posibilidades que brinda la informática para analizar el funcionamiento de los mercados, con la particularidad de que empezó hace mucho tiempo.
El otro día leí en La Vanguardia que "siguiendo su trayectoria de los últimos años, la Academia Sueca ha distinguido a dos economistas, Kahneman y Vernon Smith, alejados de la ortodoxia de los años 80". No puedo estar de acuerdo con esa afirmación. Los economistas premiados en los últimos 20 años han contribuido a desarrollar el cuerpo de conocimiento que comparten la mayoría de los economistas de hoy en día y que se conoce como síntesis neoclásica. ¿Cómo podría explicarse que entre todos ellos haya diferencias considerables y todos sean reconocidos unánimemente como merecedores del premio? No creo que la Academia tratase en algún momento de premiar ninguna ortodoxia y que últimamente se esté alejando de ella. Lo que ha premiado en este caso es al economista artesano, al que utiliza su taller para poner a prueba la realidad. Yo no veo tendencias en los premios, salvo la de reconocer definiciones, desarrollos y metodologías que sirven de referencia al resto de economistas. Lo demás son atajos heurísticos.