Riesgo y Control - Reflexiones sobre Economía y Finanzas

Riesgo y Control

Reflexiones sobre Economía y Finanzas

InicioArchivoDocumentosEnlacesAcerca de este sitioContacto

Buscador

Buscador

Artículos más leídos


Sitio recomendado

tintachina

Gemma Ferreres es la cronista del nacimiento y la maduración de la Nueva Economía


Publicidad

Lunes, 24 de marzo de 2003

Diez años de inversión española en Latinoamérica

por Luis de la Fuente

Luis de la Fuente

Acaba de publicarse La década dorada. Economía e inversiones españolas en América Latina (1990-2000) de Ramón Casilda Béjar (Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares), que promete ser muy interesante y a buen seguro se convertirá en referencia cuando se mire hacia atrás en la historia empresarial española. Llega en un momento oportuno, en el que algunas economías latinoamericanas atraviesan una grave crisis y las empresas españolas han realizado algunos, aunque poco significativos, movimientos de retroceso.

En la década de 1990 a 2000, España, por medio de sus empresas, ha sido uno de los mayores inversores, si no el mayor, en América Latina. Han volcado todos sus recursos en la región con el fin de aprovechar un crecimiento económico que esperan significativo. Y aunque ahora se vivan momentos de crisis, es indiscutible que hasta el momento les ha salido bien la jugada. Los incrementos de beneficio han sido espectaculares año tras año. En algunos casos, como los principales bancos y empresas energéticas, apenas puede decirse que sean españolas, ya que llevan a Latinoamérica hasta en el nombre (como Repsol YPF). El día que entre los directivos y consejeros de las sociedades matrices de estas empresas haya empresarios latinoamericanos se habrá consumado su implicación.

Pero, ¿qué es lo que ha llevado a las empresas españolas a invertir de tal manera en una región que a priori supone un riesgo tan elevado? Quizá haya sido el llamado consenso de Washington que prometía apertura y desregulación. Sin embargo, eso no basta para explicar por qué España, más que otros países, ha buscado su futuro en el continente americano. La respuesta hay que buscarla en casa.

Una de las razones, en la que seguramente coincidimos don Ramón y yo, es que las empresas españolas no tenían otra salida. Se trataba de un movimiento defensivo, motivado por la liberalización interna, coincidente en el tiempo con la latinoamericana. Esta fue especialmente llamativa en el caso de la banca, donde a partir de 1986 se había iniciado una competencia feroz, pero también en el sector de las telecomunicaciones con la llegada de la telefonía móvil. El sucesivo aumento de tamaño de las empresas por mor de las fusiones también es señal de esa competencia.

Otra razón que ahora ya apenas se menciona, pero a la que se hacía referencia y mucho cuando las empresas españolas empezaban a marchar al nuevo continente, es la similitud cultural e idiomática. En principio parece absurdo pensar que sólo por hablar el mismo idioma, un español pueda hacer empresa en Latinoamérica mejor de lo que lo haría un estadounidense o un holandés, especialmente cuando tenemos menos experiencia. Sin embargo, he podido constatar personalmente cómo el idioma ha ayudado a vencer algunas diferencias culturales abismales que a veces impiden que nos entendamos a la primera.

En el aspecto cultural también puede haber influido el hecho de que la generación de empresarios que marchó a Latinomérica se había criado en un estado dictatorial, situación en la que se encontraban, o acababan de dejar atrás, los países latinoamericanos, por lo que los españoles no se sentían incómodos. La próxima generación de empresarios españoles parte de una situación favorable, lo que puede llevarles a subestimar el esfuerzo que será necesario para conservarla.

El éxito pasado se ve ahora amenazado por las crisis iberoamericanas (de cuya culpa se acusa en muchos casos a las propias empresas españolas y a la ineficacia del consenso de Washington) y por el cambiante escenario internacional surgido del 11 de septiembre de 2001. Por eso, en su libro, don Ramón no se limita a hacer una descripción detallada de lo ocurrido en los últimos años (con abundancia de datos estadísticos), sino que se atreve también a aventurar qué ocurrirá en el futuro. Y es optimista, como yo.


© Luis de la Fuente, 2003