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Domingo, 8 de agosto de 2004

De Google y los sistemas de subasta

por Luis de la Fuente

Luis de la Fuente

Don Andrés Vernon nos presentó el otro día unas reflexiones en defensa del sistema elegido por Google para colocar en el mercado parte de su capital social. Como siempre, su análisis está lleno de sentido común, pero en esta ocasión faltaría añadir algunos datos que pueden ser importantes para evaluar las ventajas de un sistema de colocación u otro, hueco que trataré de complementar a continuación.

El consejo de don Andrés acerca del criterio que debe guiar las decisiones de inversión es absolutamente válido y recomendable: hacer una valoración real de la empresa y ser consecuente con ella. Sin embargo, como bien saben los profesionales del sector, valorar una empresa y hacerlo bien, no es tarea fácil. Fíjense que los estudios para obtener la titulación de Chartered Financial Analyst de la AIMR, que pueden servir como referencia sobre los conocimientos mínimos necesarios para tomar decisiones de inversión profesionales, requieren tres años de duros estudios. Y eso sólo sería el principio. Los bancos de inversión proporcionan su experiencia en la valoración de empresas, lo cual es una ventaja del sistema tradicional con respecto a la subasta holandesa elegida por Google. Y no es la única.

En realidad, el sistema tradicional no es tan malo para las empresas como puede parecer. Si así lo fuera, ese sistema habría desaparecido hace tiempo. Es cierto que generalmente el precio obtenido por la empresa es relativamente bajo, pero al mismo tiempo suele tener garantizada la colocación de la totalidad de las acciones ofrecidas, como consecuencia del aseguramiento que realizan los bancos de inversión.

Además, el mantenimiento del valor e incluso la subida de la cotización de las acciones da buena imagen a la empresa. Una caída de valor inmediatamente posterior a la colocación decepcionaría a los suscriptores y posiblemente haría muy difícil para la empresa acudir en el futuro al mercado para financiarse. Por eso, los bancos de inversión que participan en el proceso "cuidan" del valor en los primeros días de cotización. Cuidar significa que en caso de que haya exceso de papel, esto es, que haya más inversores vendiendo que comprando, los bancos hacen de contrapartida comprando esas acciones para mitigar la caída del precio, y asumiendo el riesgo de quedarse con una cartera que al final no vale nada. En España vivimos recientemente un caso de estos con la OPV de Fadesa.

Por último, el sistema tradicional asegura un precio igual para todos los inversores del tramo minorista. El sistema de subasta holandesa elegido por Google se asimila al del monopolista discriminador que se queda con todo el excedente que están dispuestos a pagar los suscriptores, algo que quizá es poco ético cuando se trata de un colectivo de inversores no profesionales.

Por otra parte, el sistema elegido por Google también tiene inconvenientes. El mayor de todos es el riesgo operacional que supone montar este sistema sin intermediarios y sin experiencia previa. Supongo que la gente de Google estará trabajando duro para evitar fallos que puedan suscitar sospechas acerca de la fiabilidad de las asignaciones.

Por supuesto, estoy de acuerdo en que hay razones para pensar que el sistema tradicional no es el mejor posible, y por eso me parece una gran idea la que ha tenido Google de probar un sistema nuevo, pero ni el sistema tradicional ni los bancos de inversión son tan malos como Google tiene interés en hacer creer.


© Luis de la Fuente, 2004